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martes, 4 de junio de 2013
Relacionados de YouTube (lista de reproducción)
Relacionados de YouTube (lista de reproducción)Banda italiana de Brutal Death que no tiene desperdicio.
Descubren esqueletos medievales tomados de la mano.
Arqueólogos
que trabajan en la región de Transilvania en Rumania, acaban de
descubrir dos esqueletos de la edad media, uno masculino y otro
femenino tomados de la mano.
En la zona a este descubrimiento se le
ha bautizado como "Romeo y Julieta", pero los historiadores tienen su
propia visión de la singular doble entierro.
Investigadores del Instituto de
Arqueología e Historia del Arte y el Museo Nacional de Historia Cluj
descubrieron las osamentas durante una excavación en el patio de la
Escuela Superior de Música Toduta Segismundo, sitio que
en el siglo XV era un convento dominico. Según el investigador Adrian
Rusu, la pareja vivió probablemente en algún momento entre 1450 y 1550.
El hombre parece haber sido asesinado
por un golpe contundente en el pecho, rompiendo su esternón. No está
claro qué causó la muerte de su compañera. Pero la escena sin duda,
tiene una calidad de Shakespeariana, es poco probable que la mujer se
suicidara.
Según el Blog, la osamenta femenina no
murió por suicidio al estilo Julieta porque no se le hubiera permitido
ser enterrada cuando su hombre murió porque no se le habría permitido
ser enterrado en tierra consagrada, y ciertamente no en los sagrados
muros de un monasterio. Tal vez, Rusu especula, que murió de un ataque
al corazón o un derrame cerebral provocado por el choque de su muerte
accidental.
Es un misterio la razón por la que ambos
murieron tan jóvenes y al mismo tiempo, además de que sólo uno de
ellos muestre signos de trauma fatal. Podría ser que ella murió primero
por alguna enfermedad que no fue detectado o bien por algún hongo y que
el haya tenido algún accidente en el trabajo o se haya enredado con algo
que le rompiera el esternón… ¡Jamás se sabrá!
Generación Millenials.
También llamados “Generación Y”, los Millenials son aquellos nacidos entre 1982 y 1995, es decir, aquellos que crecieron en el cambio de milenio.
Algunas de las características que se les atribuyen son:
- Poseen pensamiento estratégico: toman decisiones pensando en el largo plazo
- Son grupos prácticos que se preocupan de sus acciones y de las consecuencias de estos sobre la comunidad.
- Resultan excelentes para el trabajo en equipo.
- No resultan empleados que se queden mucho tiempo en las empresas, esta generación parece estar en un contante búsqueda de desafíos, de disfrute y del apoyo a la comunidad.
- Son grandes comunicadores, solo que emplean medios de comunicación distintos a otras generaciones: la Generación Y depende de la tecnología para compartir información, siendo los preferidos los métodos que son instantáneos (texting, redes sociales, mensajes instantáneos, etc.) en donde sus mensajes tienen la posibilidad de llegar a un número indefinido de lectores, lo que los empodera y les imprime responsabilidad
- Les gusta trabajar fuerte y con objetivos, sin embargo, es muy importante para ellos que las compañías en las que trabajen sirvan a la comunidad
- A diferencia de sus abuelos (Generación Tradicionalista, los nacidos antes de 1946), que entendían el respeto a partir de la experiencia y edad, o de sus padres (Generación Baby Boomers), que entendían el respeto a partir de pagar por su lugar en el mundo así como de la experiencia, la Generación “Y” considera que todos deben ser respetados y tener una opinión que sea escuchada independientemente de la edad o la experiencia.
- Las mujeres de esta generación se perciben a sí mismas iguales a los hombres.
- Son una generación que parece entenderse y llevarse bien con sus padres, eso y las crisis económicas han hecho que en muchos casos los jóvenes abandonen el hogar paterno más tarde que antes.
Ahora que ya sabemos qué es un Millenial, veamos cómo somos los Millenials mexicanos, de acuerdo a un estudio de Viacom.
1. Somos los más felices del mundo.
Para los Millenials mexicanos,la felicidad está relacionada con ser exitoso. El éxito es fuente de felicidad y de una relación estrecha con la familia.2. Nos impactó la crisis global.
Aunque seamos los más felices del mundo, nos impactan y preocupan las crisis globales. Para los Millenials mexicanos, 7 de cada 10 personas sintieron el impacto de la crisis económica y más de la mitad de nosotros pensamos que la inestabilidad laboral permanecerá en los siguientes años.3. Somos optimistas laboralmente.
A pesar de lo anterior, los Millenials mexicanos estamos fuertemente comprometidos con tener una vida exitosa y ser positivos. Los niños y jóvenes de esta generación pensamos que si nos esforzamos y trabajamos duro, podemos alcanzar nuestras metas (más del 90% cree esto). Por otro lado, 90% cree que es importante estudiar, y sabemos que no es fácil alcanzar las metas pero también que con esfuerzo es posible alcanzarlas.4. La tecnología no nos define; nos habilita.
Para los Millenials, la tecnología no los hace ser quienes son, sino que les permite serlo. Es una simple herramienta. En México, el 73% de los jóvenes cree que el acceso a Internet cambia la forma de pensar del mundo.5. Orgullo mexicano y tolerancia
86% de los Millenials mexicanos de entre 15 y 24 años se sienten orgullosos de ser de México y quieren mantener las tradiciones de su país, pero al mismo tiempo aceptan la globalizaciónlunes, 22 de abril de 2013
Voceando falsas libertades.
Se
queman el hocico hablando de que vivimos en una época de mayores
"libertades" y de más tolerancia hacía los demás, cuando esto no es
cierto: se discrimina por todo-hasta por un tatuaje; ya ni hablemos del color de la piel o de las preferencias sexuales de cada individuo-; se explota a la gente -a cambio de - cada vez por menos valor del dinero-por que las cosas se encarecen cada mes-. Así que no estén pregonando una idea de sociedad "benévola" al estílo de "somos más tolerantes como sociedad" por que es
una mentira más. O "somos una sociedad más abierta", cuando las cosas
son más sectarias que hace unos años. O "vamos progresando" cuando la
realidad es que en muchos aspectos-lo social, lo económico- vamos para
atrás. Simulación: el "hippie", "open mind" de antes es el fascistoide
peñabot de ahora. Ya no compremos más choros autocomplacientes.
martes, 16 de abril de 2013
La visión clasista de México
“México es un país de una clase modesta muy
jodida, que no va a salir de jodida. Para la televisión es una
obligación llevar diversión a esa gente y sacarla de su triste realidad y
de su futuro difícil.”
Fueron las palabras de Emilio Azcárraga Milmo, El Tigre, pronunciadas hace exactamente dos décadas, el 10 de febrero de 1993. Su discurso fue improvisado. Se celebraba el éxito de la telenovela Los Ricos También Lloran que catapultó a la fama internacional a Verónica Castro. El Tigre andaba feliz y se puso sincero.
“Los ricos, como yo, no somos clientes porque los ricos como yo no compran ni madres”, abundó el dueño del imperio Televisa. Los asistentes rieron. Azcárraga Milmo ya era considerado por la revista Forbes como el hombre más rico de América Latina. Aún Carlos Slim no se convertía en magnate global ni buscaba rivalizar con Televisa en el mercado audiovisual. Mucho menos El Tigre quería ingresar al mercado de las telecomunicaciones.
“Nuestro mercado en este país es muy claro: la clase media popular. La clase exquisita, muy respetable, puede leer libros o Proceso para ver qué dicen de Televisa… Estos pueden hacer muchas cosas que los diviertan, pero la clase modesta, que es una clase fabulosa y digna, no tiene otra manera de vivir o de tener acceso a la distracción más que la televisión”, agregó Azcárraga.
Con una claridad típica de su estilo, El Tigre quitaba los velos de la retórica y confesaba lo que todo mundo sabía en este país y nadie se atrevía a decirlo: la televisión comercial es para enajenar (“divertir”) a los jodidos. No pretende más que incorporar a los pobres a la sociedad de consumo. Y tampoco pretende sacarlos de esa condición. Mucho menos instruirlos.
Para Azcárraga Milmo, como para su padre Emilio Azcárraga Vidaurreta, y para su hijo Azcárraga Jean la televisión simplemente es un gran negocio: venderle espectáculo a los pobres y, a cambio, garantizarle al sistema la sumisión de los “jodidos” y el control político vía la información teledirigida.
“Somos soldados del PRI y del presidente”, dijo en otra de sus frases célebres el inigualable Tigre, famoso por sus desplantes, por su ímpetu de patriarca y sus lujos.
Han pasado 20 años de esa declaración. El Tigre falleció en 1997. Su hijo Emilio Azcárraga Jean prometió una apertura. El gobierno de Salinas de Gortari vendió Imevisión para crear una “competencia”, TV Azteca, de Ricardo Salinas Pliego. Y lejos de mejorar los contenidos televisivos, éstos han empeorado.
Ni siquiera las telenovelas han mejorado. Las audiencias extrañan aquellos melodramas de Verónica Castro. Y prefieren ahora las telenovelas colombianas, brasileñas o las de Argos, con un mínimo de coherencia y mejor calidad en su producción.
Si Azcárraga Milmo confesó que su televisión es para “jodidos”, Salinas Pliego ha dado suficientes muestras para llevar este axioma a su máxima expresión. TV Azteca usa y abusa la ignorancia prevaleciente en los televidentes. Ha hecho de la estridencia y el mal gusto un gran mercado. Es la vitrina para enganchar a los “más jodidos” en sus tiendas Elektra, en su banco Azteca, en sus malas réplicas de los productos de Televisa.
Primera lección: la competencia en televisión abierta no es garantía de mejorar contenidos.
Por el contrario, sí prevalece el modelo de una televisión hipercomercializada, orientada sólo al entretenimiento de baja calidad, bajo costo y alta ganancia, el espejismo del rating es sólo una justificación para la vulgaridad.
Una y otra vez, Ricardo Salinas Pliego y Emilio Azcárraga Jean justifican la pésima calidad de la televisión mexicana, argumentando que eso es lo que “la gente quiere ver”.
“Si no están de acuerdo, cambien de canal”, han afirmado. Con esto confirman el menosprecio a los más elementales derechos de las audiencias, es decir, a contenidos dignos, diversos, de entretenimiento, información y publicidad que no hagan trampas con tal de mantener a los televidentes, a los actores y a los productores a expensas de los mercaderes del espectro.
Segunda lección: la dictadura del rating no puede ser el único criterio para medir el éxito o el futuro de una industria. Mucho menos en la era de los cambios digitales y la convergencia.
Han pasado 20 años de aquel discurso de Azcárraga Milmo y los legisladores vuelven a analizar una reforma muy ambiciosa en radiodifusión y telecomunicaciones. El 80% de la iniciativa presentada por el Pacto por México se dedica a regular un mercado de telecomunicaciones, dominado por Telmex-Telcel, y el 20%, a regular el mercado de televisión y radio, dominado por Televisa y TV Azteca.
De los criterios para mejorar los contenidos hay muy poco o casi nada. Se eliminó la obligación de que el Estado “garantizará el derecho a las audiencias” (en el artículo 6 constitucional). Se incluyó la prohibición a la publicidad integrada, pero ningún criterio para matizar la excesiva comercialización en la pantalla.
Es evidente que en la actualidad no se respeta la norma de que sólo el 20% de los contenidos deben ser publicitarios. La realidad es inversa: sólo el 20% de los contenidos no es venta, propaganda o publicidad inducida. La pantalla está plagada de infomerciales, de “productos milagro”, de chabacanerías para bajar de peso, de astrología mala, de gritones que lo mismo pontifican de una crema de afeitar que de un partido de futbol.
Han pasado dos décadas y se cree que con dos o tres cadenas nacionales de televisión este medio entrará a la modernidad, según los criterios de la OCDE y las demandas de muchos especialistas.
Bienvenida esa competencia, pero si van a replicar el mismo modelo de Televisa sólo tendremos una reproducción al infinito de una televisión que ve clientes y no audiencias, que maltrata a sus actores y encumbra a los dóciles.
Imaginemos los noticieros de seis cadenas repitiéndonos al unísono lo que el gobierno federal quiere que se transmita. Imaginemos programas deportivos en los que cada cadena defienda a sus equipos de fútbol. Imaginemos a cada cadena vendiéndonos en todos sus programas sus ofertas de internet, telefonía y video.
Una reforma que sólo privilegie la competencia convertirá a los contenidos convergentes (los de televisión, telefonía e internet) en un gran supermercado. Se podrán eliminar monopolios económicos, pero no monopolios de opinión pública, y menos proponer un modelo distinto al de la “televisión para jodidos”.
En este punto la reforma constitucional que se discute en el Congreso de la Unión no quiere entrarle. Nada que afecte el modelo único de televisión comercial. Nada que ofrezca un modelo de medios públicos (que no gubernamentales). Ni siquiera existe una definición de medios públicos en la iniciativa. Mucho menos la posibilidad de abrir el espectro a propuestas comunitarias, indígenas o universitarias.
¿Es esa la democratización de los medios?
Me temo mucho que no. Si acaso, es la proliferación de muchos bajo el mismo modelo que no incorpora el punto de vista y las necesidades de las audiencias
Fueron las palabras de Emilio Azcárraga Milmo, El Tigre, pronunciadas hace exactamente dos décadas, el 10 de febrero de 1993. Su discurso fue improvisado. Se celebraba el éxito de la telenovela Los Ricos También Lloran que catapultó a la fama internacional a Verónica Castro. El Tigre andaba feliz y se puso sincero.
“Los ricos, como yo, no somos clientes porque los ricos como yo no compran ni madres”, abundó el dueño del imperio Televisa. Los asistentes rieron. Azcárraga Milmo ya era considerado por la revista Forbes como el hombre más rico de América Latina. Aún Carlos Slim no se convertía en magnate global ni buscaba rivalizar con Televisa en el mercado audiovisual. Mucho menos El Tigre quería ingresar al mercado de las telecomunicaciones.
“Nuestro mercado en este país es muy claro: la clase media popular. La clase exquisita, muy respetable, puede leer libros o Proceso para ver qué dicen de Televisa… Estos pueden hacer muchas cosas que los diviertan, pero la clase modesta, que es una clase fabulosa y digna, no tiene otra manera de vivir o de tener acceso a la distracción más que la televisión”, agregó Azcárraga.
Con una claridad típica de su estilo, El Tigre quitaba los velos de la retórica y confesaba lo que todo mundo sabía en este país y nadie se atrevía a decirlo: la televisión comercial es para enajenar (“divertir”) a los jodidos. No pretende más que incorporar a los pobres a la sociedad de consumo. Y tampoco pretende sacarlos de esa condición. Mucho menos instruirlos.
Para Azcárraga Milmo, como para su padre Emilio Azcárraga Vidaurreta, y para su hijo Azcárraga Jean la televisión simplemente es un gran negocio: venderle espectáculo a los pobres y, a cambio, garantizarle al sistema la sumisión de los “jodidos” y el control político vía la información teledirigida.
“Somos soldados del PRI y del presidente”, dijo en otra de sus frases célebres el inigualable Tigre, famoso por sus desplantes, por su ímpetu de patriarca y sus lujos.
Han pasado 20 años de esa declaración. El Tigre falleció en 1997. Su hijo Emilio Azcárraga Jean prometió una apertura. El gobierno de Salinas de Gortari vendió Imevisión para crear una “competencia”, TV Azteca, de Ricardo Salinas Pliego. Y lejos de mejorar los contenidos televisivos, éstos han empeorado.
Ni siquiera las telenovelas han mejorado. Las audiencias extrañan aquellos melodramas de Verónica Castro. Y prefieren ahora las telenovelas colombianas, brasileñas o las de Argos, con un mínimo de coherencia y mejor calidad en su producción.
Si Azcárraga Milmo confesó que su televisión es para “jodidos”, Salinas Pliego ha dado suficientes muestras para llevar este axioma a su máxima expresión. TV Azteca usa y abusa la ignorancia prevaleciente en los televidentes. Ha hecho de la estridencia y el mal gusto un gran mercado. Es la vitrina para enganchar a los “más jodidos” en sus tiendas Elektra, en su banco Azteca, en sus malas réplicas de los productos de Televisa.
Primera lección: la competencia en televisión abierta no es garantía de mejorar contenidos.
Por el contrario, sí prevalece el modelo de una televisión hipercomercializada, orientada sólo al entretenimiento de baja calidad, bajo costo y alta ganancia, el espejismo del rating es sólo una justificación para la vulgaridad.
Una y otra vez, Ricardo Salinas Pliego y Emilio Azcárraga Jean justifican la pésima calidad de la televisión mexicana, argumentando que eso es lo que “la gente quiere ver”.
“Si no están de acuerdo, cambien de canal”, han afirmado. Con esto confirman el menosprecio a los más elementales derechos de las audiencias, es decir, a contenidos dignos, diversos, de entretenimiento, información y publicidad que no hagan trampas con tal de mantener a los televidentes, a los actores y a los productores a expensas de los mercaderes del espectro.
Segunda lección: la dictadura del rating no puede ser el único criterio para medir el éxito o el futuro de una industria. Mucho menos en la era de los cambios digitales y la convergencia.
Han pasado 20 años de aquel discurso de Azcárraga Milmo y los legisladores vuelven a analizar una reforma muy ambiciosa en radiodifusión y telecomunicaciones. El 80% de la iniciativa presentada por el Pacto por México se dedica a regular un mercado de telecomunicaciones, dominado por Telmex-Telcel, y el 20%, a regular el mercado de televisión y radio, dominado por Televisa y TV Azteca.
De los criterios para mejorar los contenidos hay muy poco o casi nada. Se eliminó la obligación de que el Estado “garantizará el derecho a las audiencias” (en el artículo 6 constitucional). Se incluyó la prohibición a la publicidad integrada, pero ningún criterio para matizar la excesiva comercialización en la pantalla.
Es evidente que en la actualidad no se respeta la norma de que sólo el 20% de los contenidos deben ser publicitarios. La realidad es inversa: sólo el 20% de los contenidos no es venta, propaganda o publicidad inducida. La pantalla está plagada de infomerciales, de “productos milagro”, de chabacanerías para bajar de peso, de astrología mala, de gritones que lo mismo pontifican de una crema de afeitar que de un partido de futbol.
Han pasado dos décadas y se cree que con dos o tres cadenas nacionales de televisión este medio entrará a la modernidad, según los criterios de la OCDE y las demandas de muchos especialistas.
Bienvenida esa competencia, pero si van a replicar el mismo modelo de Televisa sólo tendremos una reproducción al infinito de una televisión que ve clientes y no audiencias, que maltrata a sus actores y encumbra a los dóciles.
Imaginemos los noticieros de seis cadenas repitiéndonos al unísono lo que el gobierno federal quiere que se transmita. Imaginemos programas deportivos en los que cada cadena defienda a sus equipos de fútbol. Imaginemos a cada cadena vendiéndonos en todos sus programas sus ofertas de internet, telefonía y video.
Una reforma que sólo privilegie la competencia convertirá a los contenidos convergentes (los de televisión, telefonía e internet) en un gran supermercado. Se podrán eliminar monopolios económicos, pero no monopolios de opinión pública, y menos proponer un modelo distinto al de la “televisión para jodidos”.
En este punto la reforma constitucional que se discute en el Congreso de la Unión no quiere entrarle. Nada que afecte el modelo único de televisión comercial. Nada que ofrezca un modelo de medios públicos (que no gubernamentales). Ni siquiera existe una definición de medios públicos en la iniciativa. Mucho menos la posibilidad de abrir el espectro a propuestas comunitarias, indígenas o universitarias.
¿Es esa la democratización de los medios?
Me temo mucho que no. Si acaso, es la proliferación de muchos bajo el mismo modelo que no incorpora el punto de vista y las necesidades de las audiencias
viernes, 5 de abril de 2013
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