sábado, 5 de febrero de 2011

Gente del Walmart.


Debo confesar que la primera vez que la vi me provocó sorpresa; algo debió advertirle de mi mirada incrédula, por que ella volteó justo cuando yo estaba a punto de sonreír a causa de su apariencia. Me miró a los ojos y no me quedó más remedio que ponerme serio. ¿No se supone que no le doy importancia a las apariencias? ¿No era yo acaso el mismo tipo que hablaba de que todos podíamos salir a la calle vestidos como se nos diera la real gana? Y ahí estaba ella, en el departamento de electrónica del Walmart, rodeada de gente, vistiendo con descaro una llamativa pijama de franela algo gastada, de color azul cielo, con ositos y globos estampados. Recordé esa página en internet "the People of the Walmart" que recoge a los más disímbolos personajes haciendo sus compras muy campantes, vestidos con desfachatez, en una especie de rebelión a los convencionalismos. Casi gritando: "lo que ves es lo que soy, ¿y?".

Si no fuera tan respetuoso le hubiese tomado una foto descaradamente con el celular-para hacer mi propia colección de "la gente del Walmart"-. Luego medité, ¿y si esta enferma?. Una inspección de reojo me reveló que se veía perfectamente de salud; a la chica sencillamente se le había dado la gana salir en la noche de compras junto con su familia vistiendo su pijama, ¿por que carajos se la iba a quitar para ir a comprar alguna tontería? Eso si, se había puesto su chamarra negra encima. Al alejarme de ella noté que incluso usaba pantuflas. Que coherente.

Bueno, a seguir con la vida, a seguir comprando, que "la máquina" no rueda sola. Pero resulta, que me la encontré nuevamente unos días después -en el mismo Walmart-; y ahora vestía una pijama diferente: era rosa, decorada con rombos y cuadros azules y amarillos, aunque sus pantuflas eran las mismas. Bueno, por lo menos no repetía modelitos. Ahora ni siquiera pude sonreír, ya me había aguantado la sonrisa una vez, y esta se apagó como cuando a uno se le quita el hipo. También es cierto, ya había asimilado al personaje. Se le veía cansada, fastidiada, como si sus familiares la hubiesen sacado a fuerzas de la cama. Tal vez estaba atravesando una depresión, o yo que se. Su cabello, efectivamente lucía como si nada le importara, ni siquiera fue de hacerse una coleta o algo. Lo que realmente me llamaba la atención era su "valentía", pues es sabido que las chicas de su edad cuidan mucho su outfit.

Ya en la fila de las "cajas rápidas" tuve que soportar a una parejita de "treinta y tontos" regordetes que, a pesar de sus años encima, hablaban como "fresas" y criticaban en voz alta todo a su alrededor como si fueran dos adolescentes zafios. Y frente a mi, un señor que "lleno de sabiduría" aconsejaba a su hijo acerca de donde golpear a otros niños en el partido de fútbol, sin que se diera cuenta el arbitro. Por lo menos la chica de las pijamas no era nada molesta.

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