domingo, 6 de febrero de 2011

Under the Stones.



La animada conversación en un bar-tipo pub- giraba en torno a los siguientes temas: las obsesiones personales, mismas que de alguna forma terminamos proyectando en los demás; el deseo animalesco, que tarde o temprano se apaga, pero que mientras eso pasa como nos hace comportarnos como idiotas; en el amor que desarrollamos por nuestras oxidadas cadenas. Todos en la mesa teníamos nuestras quejas, eso era seguro.

Mi amiga-la del copetito de Bettie Page- dice que su vida es como en la película "El día de la marmota"-que por cierto, acaba de ser-: un castigo laboral constante, tipo Sísifo, con la variante de ver a sus amigos los fines de semana, y luego otra vez a lo mismo. Yo les digo que, en el fondo, todos quisiéramos que nuestra vida fuera como en la historía de esa película, por que sería una gran oportunidad para alcanzar nuestras obsesiones y deseos. El sueño onanista perfecto. Si, Bill Murray se la pasa muy mal al principió, pero logra adaptarse a su situación, esa es la moraleja, creo. Les hablo de otra de mis películas favoritas de Murray: "Los Fantasmas Contraatacan", una adaptación ochentera al cuento de navidad de Dickens; no les suena para nada. Mientras hablan de "Lost in Translation" aprovecho para ir al baño.

De regreso a nuestra mesa,después de platicar con el gerente, noto que estoy algo mareado, los whiskazos están funcionando, ¿cuando no lo han hecho? Medito un poco sobre la psicología del que se embriaga paulatinamente. En las pantallas se transmite un partido de basketball muy ajeno a nuestra conversación; y tan ajeno al Superbowl, que es el evento deportivo que en verdad nos interesa en estos días.

Detrás de la barra, mi amigo bar tender esta preocupado por que en el lugar no hay gente, y eso significa que no habrá muchas propinas. Recuerdo cuando yo trabajaba detrás de esa misma barra y nada me preocupaba; ese es el truco para aguantar estas jornadas.

Efectivamente el lugar esta casi vacio. Nosotros solo somos tres, y eso que convocamos a muchos vía redes sociales. El "club de los tres": "Bettie Page", el "Maestro Roshi"-llamado así por su cabeza ya calva a pesar de sus veintitantos años y su actitud de eterno adolescente, por su barba de candado, por su uso de lentes oscuros aún en lugares cerrados, y por su afición a las camisas hawaianas-; y yo -su servi-bar-. Y esa música que nos permite el gerente por que de todas formas no hay nadie: suenan los Pixies -como deberían sonar en cualquier lado-, suena Metallica, por que "Bettie Page" esta en su etapa Metallica, y suenan los Rolling Stones, por que yo estoy obsesionado con ellos. Un triángulo, un cumulo de obsesiones, una noche lenta que sabe a Jack con cola.

Ya no quiero oírlos hablar de amor; es como un circulo que te encierra, un culto extraño. Entonces, atrapado entre el copete de "Bettie", y la calva de "Roshi", como si yo fuera una pelota de tenis, pienso que sin "amor" no hay baladas como "Angie", o "Wild Horses", ni Stones ni nada. Y vuelvo a escuchar a mis amigos con atención. Lecciones de amor gratis. ¡Hey! Es "Brown Sugar", hora de bailar.

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